Tal como ocurrió en 2011, Tucumán tendrá la oportunidad de recibir a la caravana de participantes del célebre Rally Dakar. En aquella oportunidad, nuestra provincia albergó una porción de la carrera y también aquí se levantó uno de los campamentos. Esta vez, en el territorio provincial se realizarán tramos de enlace y, lo más importante, se erigirá un vivac que servirá para el pernocte de los participantes durante dos jornadas. Ello, más un tercer día de acción cuando los pilotos y máquinas se retiren con destino a Córdoba, convierten a nuestro lugar en el más relevante del país dentro de los que están contemplados en el diagrama de la competencia en la edición 2013. Esto debe constituir no solo un motivo de orgullo, sino también una voluntad de acción colectiva en la que impere la responsabilidad, desde lo organizativo y lo receptivo; desde el comportamiento al afán de disfrutar entre todos.

Queda claro que no todos los días los tucumanos podemos ser espectadores de una prueba de esta envergadura. Y mucho menos albergar durante tantas horas a tamaña cantidad de participantes extranjeros y de otras provincias, incluidos mecánicos, auxiliares, miembros de la organización, periodistas de todo el mundo y auspiciantes. Cuesta encontrar en la historia deportiva reciente un acontecimiento similar, por la calidad de los deportistas que nos visitarán, por la movilización que se genera desde lo logístico y estructural, por el impacto económico de corto, mediano y largo plazo, y por el desplazamiento de espectadores.

Pero quizás uno de los mayores beneficios que otorga un acontecimiento de estas características es la proyección que se hace de la provincia a través de la prensa acreditada y del efecto multiplicador que esta produce en los medios de numerosos países. Las imágenes de Tucumán, los sucesos que aquí tengan lugar, las historias deportivas y sociales que se produzcan, ocuparán un lugar protagónico en ese sentido. Y ello debe representar un motivo de fuerte compromiso de todos quienes habitamos esta tierra de mostrar lo mejor de nosotros.

Importa tanto ser respetuosos de las reglas deportivas que imperan en el Dakar, como mostrar nuestra conducta cívica en todo momento. Y ello debe ser una prioridad desde el sábado cuando arriben los competidores, hasta el lunes cuando se vayan. Y al mismo tiempo de constituirnos en excelentes huéspedes, aprender de lo que los visitantes nos pueden mostrar. Esto es algo que en un mundo globalizado como el actual, resulta de vital trascendendia para pensar y creer en un futuro.

Son indiscutibles las bondades paisajísticas con que cuenta Tucumán, y sobre ellas el mundo Dakar posará sus ojos. En materia turística, una competencia como la que recibiremos el sábado representa una inversión, cuyos alcances pueden resultar interesantes en la medida en que esté inserta en un programa de desarrollo lógico y continuo.

A las puertas de la llegada de los corredores, sirve también entender que no porque esta prueba vaya a estar con nosotros dos días, nuestras carencias y faltantes van a desaparecer por arte de magia. Mucho es lo que nos queda para mejorar como pobladores de esta tierra. Y en ese sentido, quizás allí radice un buen legado que puede dejar la prueba: en contacto con el mundo y mirándonos como sociedad cual espejo, bien podemos lograr que esta competencia nos habrá el camino de un propio Dakar, ese que nos lleve a la meta de tratar de ser cada día mejores.